Al hombre español le preocupa la alopecia.

Calvicie incipiente

Varios estudios ponen de manifiesto que la pérdida del cabello es una de las preocupaciones estéticas que más afectan a los hombres españoles. A algunos de ellos les causa estrés y merma su autoestima.

En su blog, el laboratorio farmacéutico Vademecum comenta los resultados de un estudio sobre salud capilar realizado por el grupo Insparya en España, Italia y Portugal. Según este estudio, al 44% de los españoles les preocupa la caída del cabello.

Ante los primeros síntomas de la alopecia, un 44% de los encuestados afirma que el hecho les provoca una bajada de la autoestima. Un 38% dicen que les genera estrés. A un 34% les provoca una pérdida de confianza en sí mismos y otro 34% se ven envejecidos.

Además, un 53% del total de encuestados en nuestro país opina que tener constancia de que se te está cayendo el pelo influye en que se acelere la enfermedad.

Como estamos viendo, la calvicie sobrepasa el mero hecho de ser un rasgo estético y produce en nosotros efectos psicológicos negativos. Ante la pérdida más o menos acuciante de cabello, la reacción de muchos hombres es buscar información por internet e ir probando diferentes soluciones para revertirla o frenarla. Visitar una clínica capilar, que debería ser una de las opciones más lógicas, aparece como uno de los últimos recursos.

El digital HuffPost indica que España es el país con más porcentaje de calvos del mundo, con un 44,5% de la población masculina. Por detrás de nosotros se encuentran Italia y Francia, con un 44,37% y un 44,25% respectivamente. A pesar de la alta incidencia de la alopecia en nuestro país, la preocupación por este problema es latente. En este caso, el mal de muchos no es consuelo para el resto.

La alopecia androgénica es la más frecuente.   

La alopecia androgenética, conocida también como calvicie de patrón masculino o femenino, es la forma más frecuente de pérdida de cabello de origen hereditario y el tipo de alopecia más habitual en España. Aunque afecta a ambos sexos, es considerablemente más habitual en los hombres. Su aparición está relacionada con una combinación de predisposición genética y sensibilidad de los folículos pilosos a determinadas hormonas.

El principal mecanismo implicado es la acción de la dihidrotestosterona (DHT), una sustancia que se produce a partir de la testosterona y que también está presente en las mujeres. En las personas predispuestas, algunos folículos son especialmente sensibles a esta hormona. Como consecuencia, van reduciendo progresivamente su tamaño y producen cabellos cada vez más finos y débiles. Con el paso del tiempo, disminuye la densidad capilar y determinadas zonas del cuero cabelludo comienzan a quedar más despobladas.

La evolución no es idéntica en todas las personas. En los hombres suele comenzar en las entradas y la zona superior de la cabeza, mientras que en las mujeres es más frecuente observar un aclaramiento generalizado en la parte superior del cuero cabelludo, manteniéndose habitualmente la línea frontal. Detectarla en las primeras etapas resulta importante, ya que los folículos que todavía conservan actividad tienen mayores posibilidades de responder a los tratamientos disponibles.

En este campo, el Hospital Clínic de Barcelona, uno de los hospitales públicos más importantes de la capital catalana, participa en una investigación sobre enfermedades del cabello. Recientemente, investigadores de este hospital han estudiado el papel de la inflamación en la activación de los folículos. Un trabajo publicado en 2026 mostró en ratones que una reacción inflamatoria controlada puede activar folículos pilosos que se encontraban inactivos y favorecer el crecimiento del pelo. Los resultados son todavía experimentales y no permiten afirmar que el procedimiento vaya a funcionar en humanos, pero abre una línea de investigación interesante para futuros tratamientos.

El objetivo de estas investigaciones es comprender mejor los mecanismos biológicos que regulan el ciclo del cabello y encontrar estrategias capaces de frenar su caída. De esta manera, el futuro del tratamiento podría pasar no solo por conservar el cabello existente, sino también por recuperar parte del pelo perdido.

El estrés influye y mucho.

Aparte del factor genético y de la reacción de los folículos pilosos a la hormona DHT, la revista Psicología y Mente señala que el estrés y la sobreexcitación nerviosa aceleran los procesos de caída del cabello. En especial, en personas con predisposición genética.

El estrés intenso, mantenido durante mucho tiempo, puede alterar el ciclo normal del cabello. El folículo piloso es una estructura activa en la que se encuentran células madre encargadas de regenerar el pelo. Cuando el organismo permanece sometido a una situación de estrés, las alteraciones hormonales, entre ellas las relacionadas con el cortisol, pueden modificar la actividad de estas células y favorecer que numerosos folículos entren en una fase de reposo. Como consecuencia, el cabello deja de crecer con normalidad y puede producirse una caída más abundante.

El sedentarismo influye indirectamente en la salud capilar. La ausencia de actividad física regular se relaciona con una peor condición cardiovascular y puede reducir determinados beneficios asociados a una buena circulación sanguínea. Los folículos necesitan un aporte adecuado de oxígeno y nutrientes para mantener su actividad, por lo que adoptar hábitos activos forma parte de un estilo de vida saludable.

El calor excesivo merece igualmente atención, aunque conviene evitar atribuirle por sí solo la aparición de una alopecia. La exposición prolongada a temperaturas elevadas, especialmente cuando se combina con sudoración, irritación o falta de ventilación, puede afectar al cuero cabelludo. Utilizar sombreros o gorras no provoca automáticamente la caída del cabello, pero en ambientes calurosos es recomendable mantener una buena ventilación del cuero cabelludo y evitar situaciones que irriten la piel.

Los tratamientos químicos agresivos pueden deteriorar especialmente la fibra capilar. Tintes, decoloraciones, permanentes o productos de alisado pueden provocar sequedad, rotura e irritación del cuero cabelludo cuando se utilizan con demasiada frecuencia o de forma inadecuada. En estos casos, el problema puede confundirse con una alopecia porque aumenta la cantidad de cabello que se rompe.

La alimentación constituye otro factor importante. El cabello necesita proteínas, hierro, zinc, vitaminas y otros nutrientes para completar correctamente sus ciclos de crecimiento. Una dieta restrictiva o desequilibrada puede provocar una caída difusa, especialmente cuando existe una carencia nutricional importante. Por eso, mantener una alimentación sana y variada resulta fundamental.

¿Son efectivos los productos contra la caída del cabello?

Una de las primeras reacciones que tenemos cuando notamos que se nos está cayendo el pelo es recurrir a productos cosméticos que se comercializan para frenar la caída del cabello. La pregunta que nos surge es: ¿Son efectivos? La OCU, Organización de Consumidores y Usuarios, ha analizado varios de estos productos que se venden en el mercado y su conclusión es que no se pueden esperar milagros de ellos.

En el mercado existen champús, lociones, sérums, ampollas y complementos alimenticios que se comercializan como soluciones frente a la caída del cabello. Sin embargo, conviene separar con claridad los productos cosméticos de los tratamientos médicos.

Los cosméticos anticaída pueden mejorar el aspecto y el estado de la fibra capilar. Algunos ayudan a que el cabello esté más hidratado, suave, resistente o sea más fácil de peinar, mientras que otros están destinados al cuidado del cuero cabelludo. Sin embargo, no existe evidencia suficiente para afirmar que estos productos, por sí mismos, detengan una alopecia o consigan reactivar los folículos pilosos.

Entre sus ingredientes habituales encontramos extractos vegetales como romero, ginseng o quina, además de zinc, cobre, selenio y otros nutrientes. Su presencia en la fórmula no significa necesariamente que tengan capacidad para frenar la pérdida de cabello.

Los complementos alimenticios pueden tener sentido cuando existe una deficiencia nutricional que afecta al organismo y, en consecuencia, al cabello. En ausencia de estas carencias, tomar suplementos no garantiza que el pelo crezca más ni que disminuya su caída.

También hay que valorar el coste. Según los datos de OCU, utilizar un champú, una loción y ampollas anticaída puede suponer alrededor de 300 euros al año, mientras que un complemento ronda los 288 euros anuales. Los productos de mayor precio pueden duplicar estas cantidades. Por ello, ante una caída persistente, resulta más útil identificar primero su causa y consultar con un especialista que invertir en productos cuya eficacia puede ser cuestionable.

El trasplante capilar, la mejor solución.

De las soluciones que tenemos para combatir la alopecia androgénica, los facultativos de Clínica Kalón, una clínica ubicada en Alcalá de Guadaíra, dirigida por el Dr. Daniel Piedras, referente en salud capilar en la provincia de Sevilla, nos dicen que el trasplante capilar es la solución más efectiva, ya que es una técnica quirúrgica basada en el autoimplante de folículos. El propio paciente actúa como donante y receptor. El procedimiento consiste en trasplantar folículos desde una zona del cuero cabelludo con buena densidad, habitualmente la zona de la nuca y el lateral de la cabeza,  y colocarlos en las áreas afectadas por la pérdida de cabello. Al utilizar el cabello del propio paciente, se evita el problema del rechazo de tejidos.

Antes de realizar la intervención, el especialista debe estudiar el cuero cabelludo, determinar el tipo de alopecia y valorar la calidad y cantidad de la zona donante. Este análisis es fundamental, porque no todos los pacientes reúnen las condiciones necesarias para someterse a un trasplante. También permite calcular cuántas unidades foliculares pueden extraerse sin deteriorar de forma visible la zona de origen y dónde conviene colocarlas para conseguir un resultado más natural.

Una de las técnicas más utilizadas es la extracción de unidades foliculares, conocida como FUE. En ella, los folículos se obtienen individualmente mediante pequeños instrumentos y posteriormente se implantan en las zonas que presentan menor densidad. Para hacerlo, el cirujano realiza pequeñas incisiones o canales en el área receptora, teniendo en cuenta la dirección, inclinación y distribución del cabello existente. La colocación cuidadosa de cada folículo resulta esencial para conseguir una apariencia natural.

Después de la intervención comienza un periodo de recuperación. Los folículos necesitan adaptarse a su nueva ubicación y, durante las primeras semanas, es habitual que parte del cabello trasplantado se desprenda. Esto no significa que el tratamiento haya fracasado: posteriormente, los folículos pueden iniciar una nueva fase de crecimiento. Los resultados aparecen de forma progresiva y el aspecto definitivo requiere tiempo.

El trasplante puede ofrecer resultados duraderos cuando los folículos proceden de áreas resistentes a la acción de las hormonas DHT, responsables de la alopecia androgénica. Sin embargo, no es una solución adecuada para todas las personas. Si la pérdida de cabello se encuentra todavía en una fase muy inicial, puede ser preferible controlar primero su evolución mediante otros tratamientos. Tampoco será viable cuando la zona donante tenga una densidad insuficiente para cubrir las áreas despobladas.

Determinadas enfermedades del cuero cabelludo o tipos de alopecia en los que los folículos continúan destruyéndose por un fenómeno autoinmune, pueden requerir un enfoque diferente. Por este motivo, la intervención debe plantearse después de realizar un diagnóstico preciso y valorar las expectativas reales del paciente. El objetivo no es simplemente recuperar cabello, sino distribuir los folículos disponibles de manera estratégica para conseguir un resultado proporcionado y natural.

Un signo de envejecimiento.

Aunque hay personas que empiezan a perder pelo sobre los veinte o veinte y pico años, popularmente, la calvicie se considera un signo de envejecimiento. Cuando hablamos de la alopecia androgenética, vimos que eso no es así, pero es como lo percibe la gente.

Y es que cuando éramos niños, incluso adolescentes, todos teníamos una mata de pelo fuerte y abundante. Cuando nos quedamos calvos, nos vemos como si esa juventud se nos hubiera alejado de nosotros para siempre.

Esa asociación entre la calvicie y la edad, que tiene más base social que científica, es lo que ha convertido la pérdida de cabello en una de las preocupaciones estéticas más importantes para el hombre. Más, incluso, que las arrugas faciales. A las que los varones suelen dar menos valor.

Hay mucha información sobre el asunto. Internet está plagada de artículos y páginas web sobre el tema. Con datos más fiables o menos, dependiendo de las fuentes de las que beba. Podemos consultarlas, cómo no, pero cuando aparece un problema de pérdida de cabello, lo mejor es ponernos en manos de profesionales.

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