Piezas de cristal únicas e incomparables

Piezas de cristal únicas e incomparables

Según la información que da la Wikipedia, la palabra proviene del griego krystallos. Inicialmente el nombre provenía de «kryos» que significa frío, aludiendo a la formación del hielo a partir del agua. Posteriormente el nombre cambió de connotación al referirse más bien a la transparencia, por lo que los griegos dieron el nombre «krystallos» al cuarzo, creyendo inicialmente que se trataba de una variedad de hielo que no se licuaba a temperatura ambiente. La mayoría de los cristales naturales se forman a partir de la cristalización de gases a presión en la pared interior de cavidades rocosas llamadas geodas, continua, y la calidad, tamaño, color y forma de los cristales dependen de la presión y composición de los gases en dichas geodas (burbujas) y de la temperatura y otras condiciones del magma en el que se formen.

En la actualidad las piezas de cristal están súper de moda, nos dicen en Cristafiel, especialistas en el grabado de copas de cristal y otros artículos de hostelería. Sus grabados personalizados son el toque ideal para las mejores copas. Si quieres regalar algo muy especial a alguien muy especial, no lo dudes, las copas grabadas de Cristafiel son una de las mejores opciones.

Las grandes firmas de lujo del mundo de la cristalería

1. René Lalique 

René Lalique fundó la emblemática casa cristalera en 1888 y la convirtió en el máximo emblema del lujo francés. Las colecciones de la casa se exhiben en museos de todo el mundo porque cada pieza es una obra de arte.

En sus boutiques se encuentran desde la joyería más fina hasta piezas de decoración dignas del más elegante «chateau». Dan forma a todo tipo de exquisitos detalles para el hogar, refinadas joyas y en los últimos tiempos se sumergieron en el sector de la alta perfumería encerrando fragancias sorprendentes entre sus delicados cristales.

El florero rayones es una edición limitada de 88 piezas. Es sofisticado y alegre dadas sus elegantes formas y su manera de jugar con la luz mediante sus fundidos tonos en pan de oro sobre el cristal transparente.

Las hojas de oro de 24 quilates fueron colocadas a mano por los meticulosos artesanos de Ateliers Gohard, encargados en 1962 de restaurar el Palacio de Versalles, el Palacio Nacional de los Inválidos de París, el Teatro Municipal de Río de Janeiro y la llama de la Estatua de la Libertad de Nueva York.

Pesa 11 kg, mide 30 cm c 19,5 cm y Cuesta 30.000 euros.

2. Baccarat

La textura que consigue este sello galo lo convierte en uno de los más especiales en su sector. Su historia se remonta a 1764, año en el cual el rey Luis XV concedió un permiso al cardenal Louis-Joseph de Laval-Montmorency para fundar un humilde taller de vidrio en una localidad de Lorena, Baccarat.

En 1823 recibió el primer encargo para la casa real y su calidad lo convirtió en su proveedor de la realeza. La clase política y los aristócratas de la época se sumaron al capricho real y convirtieron el nombre del pequeño taller en un icono del lujo.

En 1855 la Exposición Universal de París le entregó la medalla de oro y a principios del S. XX el taller de vidrio se convirtió en el imperio del cristal porque sus piezas se reclamaban en todo el mundo. Cuando la II Guerra Mundial arrasó Lorena entre las ruinas de una iglesia se encontró, inctacta, una pieza de Baccarat.

En sus orígenes daban forma a ventanales de vidrio, al poco tiempo se volcaron en la decoración y hoy también son un emblema de la joyería y la perfumería.

La coleción «Cocktail party in a box» nació de la ilusión de ser los protagonistas absolutos de un cóctel, por eso incluyeron en esta colección un modelo de cada una de sus piezas históricas: flauta de Château Baccarat, flauta Vega, vaso de vino Château Baccarat, Vega Martini, vaso Harcourt 1841, Vega Highball, vaso de vino Harcourt 1841 y vaso Biba Château Baccarat. El precio del conjunto es de 1500 euros.

3. Bohemia

Las montañas de Lusatia, con numerosa madera que alimentaba los hornos de los vidrieros, fueron su nido. Con el paso de los años, las regiones Bohemia y Silesia hicieron con la hegemonía en el mercado del vidrio siendo el Barroco la etapa en la que gozaron de mayor esplendor.

Sirvieron a las principales casas reales y el choque de sus copas sonó en el entorno palaciego de los grandes emperadores. La miseria tras la XX Guerra Mundial llevó a la casa a cerrar algunas de sus principales fábricas, pero las Exposiciones Universales celebradas posteriormente a lo largo del mundo le devolvieron su antiguo esplendor.

Su sello de identidad es su forma conseguir una transparencia especial del vidrio imitando al cristal de roca, aunque también se la reconoce por vidriar y grabar con una mezcla cobre y bronce y por sus coloridas imitaciones del vidrio veneciano. Las piezas de las colecciones de las imágenes cuestan: 169 euros los modelos de la colección Memphis y 189 las piezas del conjunto Mona Lisa.